A los tres
años y medio o cuatro el niño se enamora de la madre
y la niña del padre, como parte de esta etapa del desarrollo
emocional que llamamos Complejo de Edipo.
En el caso
de la niña, se enamora del padre como lo hace un adulto,
con mucha intensidad . Si el padre tiene una atención muy
especial con ella a diferencia de los hermanos, por ejemplo; al
tener una mejor relación con ella que con la madre y que
con los hermanos, se forma un vínculo estrecho entre los
dos. Se forman dos grupos dentro de la misma familia. Si el padre
es más juguetón con la hija y sus juegos tienen
juegos con el cuerpo,; si la madre es más bien más
fría que el padre y distante con la hija. Si ve al padre
desnudo a la hora del baño o de cambiarse. Si el padre
la besa en la boca. Si duermen a veces en la misma cama o se pasa
a la cama de los padres y se queda allí. Ante este tipo
de comportamientos y actitudes la niña aumenta sus ansiedades
y se crea espectativas con respecto al padre. El rol de hija cambia
a ser el rol de pareja del padre; todo a nivel inconsciente. Se
deforman los vínculos familiares. Queda la hija atrapada
en estas conductas incestuosas.
Si además,
en el contexto familiar los padres tienen muchas discusiones,
los hijos se parcializan con uno u otro. A un padre lo pueden
ver como víctima y al otro como victimario. Los niños
tienen sentimientos con respecto a la relación de pareja
de los padres, sentimientos de celos y cólera con el padre
del sexo opuesto y sentimientos de exclusión al verlos
juntos, se sienten como que son el tercero en discordia.
Toda esta
constelación de emociones que como verán, no se
ve en estas proporciones en un niño normal, porque tiene
mucho que ver en el modo cómo se maneja el padre con respecto
a la hija y a cómo es la madre con el hijo.
La constelación
de emociones descrita más arriba, hace que la niña
y en el caso del niño igual, tenga terrores nocturnos.
Se despierta de noche con sobresaltos y angustias y gritos y al
día siguiente no se acuerda de nada. Por supuesto, que
es un síntoma patológico.
Si tenemos
en cuenta que de niños tenemos una familia y de grandes
tenemos otra familia, si hemos quedado atrapados en estas pasiones
infantiles, de adultos no vamos a poder enfrentar la vida con
madurez. Las angustias infantiles se van a trasladar, se van a
repetir a lo largo de la vida del adulto, llegan a su entorno,
y van a sufrir por las consecuencias de ello. Estas angustias
infantiles quedan marcadas como un sello, se repiten a lo largo
de la vida, solo cambian las edades, las situaciones, las personas.
Para evitar
que estos sentimientos se fortalezcan y se fijen y se repitan
a través de fobias o de ser el centro de atención,
es necesario:
Favorecer
una relación democrática entre los miembros de la
familia y que todos tengan derecho a expresar sus sentimientos.
Que ambos
padres se respeten y apoyen en la enseñanza de la disciplina,
y que esta se da con amor. Que ninguno sea más autoritario
que el otro.
Dar educación
sexual a través de una información exclusiva para
niños que se encuentra en el libro De dónde venimos.
Hay que ser amplio de criterio para poder rresponder a las preguntas
que se generen con la explicación. La información
la debería de dar el padre del mismo sexo del niño,
pero también el que tenga menos ansiedad con el tema. La
edad para dar esta información es alrededor de los 4 años
y antes si hay curiosidad.
Hay que
mantener privacidad para dormir, para ir al baño, el aseo.
Por supuesto, no se permite que los niños pasen a la cama
de los padres, menos aún en esta etapa. Aún menos
si son madres o padres solteros. Cada uno duerme en su cuarto.
Hay que mostrar mucho respeto con respecto a los sentimientos
manifestados por el niño en esta época. Y estar
muy atentos a sus preocupaciones, juegos, preguntas, opiniones.
La libertad de expresión con respecto a los sentimientos
es necesaria.
ROSARIO
ARMERO
PSICOLOGA CLINICA